sábado, 16 de noviembre de 2013

EL CAMINO DE AITOR

Era temprano y hacía muchísimo frío en la ladera de la montaña, como todas las mañanas temprano, con las primeras luces del alba, Aitor se levantaba, se tomaba su té con un trozito de pan y mermelada, y tambien le ponía algo de comer a Hildrun, era un gato que le había dado una vecina hacía ya algún tiempo, porque le daba pena que siempre estuviese solo en casa, como se lo dio al poco tiempo de nacer Agata, que así se llamaba la vecina, no supo decirle si era gato o gata y para evitar confusiones  Aitor le puso Hildrun y le había tomado muchísimo cariño.


   Cuando terminó de desayunar cogió sus cosas y como siempre le dejó una mantita que había calentado al calor de la chimenea a Hildrún para que no pasara frío, ya que era invierno y hacía un frío que pelaba, el camino era bastante largo hasta llegar al pueblo, Aitor no era huraño, le gustaba estar con la gente pero tambien le gustaba la tranquilidad, la naturaleza, la calma y esto no se conseguia en pleno pueblo, que siempre había jaleo, que si pasa el lechero, el cartero, el afilador, ......y cuando se quedó viudo, que fue muy joven, porque perdió a su mujer en un accidente, decidió hacerse una casita, no en lo alto de la montaña, pero sí en la ladera, lo suficientemente apartado como para tener la paz interior que tanto anhelaba ya que vivia atormentado.

     Emprendió el camino pensando en sus cosas como todas las semanas para comprar provisiones, estaba tan pendiente en sus cavilaciones que no cayó en la cuenta de que estaba escuchando una música super abragable hasta que llegó a un recodo del camino y a malas penas distinguió a un muchacho sentado junto a un árbol, y la verdad Aitor se le pasó inadvertido el detalle de que estaba tocando un instrumento y muy resuelto le preguntó:

-  ¿Qué haces aquí con el frío que hace?
El muchacho sin para de tocar con toda la tranquilidad del mundo le dijo:
- Estoy alimentando a los árboles
Aitor se quedó desconcertado y sin saber muy bien que decir, ¿alimentando a los árboles?, !que tontería! pero sabía que allí no se podía quedar y le insistió
- Anda vente al pueblo, no oyes que hay una música preciosa, yo mismo te acompaño a la taberna y que te den algo calentito, que seguro que tendrás hambre
El muchacho le dijo
   -¿Te refieres a esta música?
Entonces Aitor se percató de que el muchacho llevaba una guitarra en las manos, siguio fijándose y vió que no tenía cuerdas, entonces dijo:
- Muchacho no me tomes el pelo que yo ya soy perro viejo, tú no tienes cuerdas en tu guitarra, es imposible que estes tocando, anda vente conmigo
Pero el muchacho le cortó, y con la misma tranquilidad del principio le dijo:
- Del mismo modo que tú emites un sonido al abrir la boca, al que denominas voz, y esta se produce gracias a lo que vosotros llamais cuerdas vocales, que no veis pero que sin ellas no os podríais comunicar, yo puedo alimentar a los árboles gracias a este instrumento que emite un sonido, pero cuyas cuerdas no ves, que tú no veas las cuerdas no significa que no estén.
Aitor se quedó atónito
- Pero vamos a ver, ¿Estás tonto? ¿Cómo vas a alimentar a los árboles?
- Como ya te he dicho los alimento con mi música, porque del mismo modo que necesitan de la lluvia, el sol y la tierra para crecer, necesitan de la armonía para comunicarse entre ellos.

Aitor ya no supo que decirle al muchacho, incluso tenía sentido lo que decía, así que buscó en sus bolsillos y encontró un pequeño trozo de pan, algo duro por cierto y se lo entregó al muchacho ya que sentía en su corazón que no podía dejarlo sin nada que echarse a la boca

- Toma, no tengo nada más que ofrecerte
- Muchas gracias, no olvidaré lo que has echo hoy por mí
-¿Yo? Pero si no he echo nada, ni siquiera he podido invitarte en el pueblo.
- Me has ofrecido tu comida del día y eso es mucho más de lo que otros estarían dispuestos a hacer por un desconocido y este gesto no se me olvidará

Dicho esto Aitor siguio su camino, llegó al pueblo, comenzó a adquirir las provisiones para la semana y callejeando por el pueblo le llamó la atención ver a una joven semidesnuda moviendose de forma extraña alrededor de una fuente

-Esto...me vas a perdonar, pero....¿Qué haces?
La joven sin dejar de moverse le contestó gracilmente
- Estoy bailando
-¿Cómo?
-¿Es que estás sordo? Que estoy bailando
-¿Cómo que estás bailando? Si no hay nadie tocando......Ahhh! Vaalee! Te mueves así porque tienes frío ¿verdad?
- No! Me muevo así para alimentar al agua
-¿Para alimentar al agua? Mmmm ¿Estás bien?
-Sí estoy bien, y sí para alimentar al agua, la alimento con la belleza de mis movimientos, verás si no alimentara al agua, ella no tendría ganas de jugar, si no tuviese ganas de jugar, no llovería, ni nevaria, si no lloviese ni nevase, no habrían ríos, ni mares, ni vegetación, ni fauna,  ni hielo, los humanos no podríais beber agua, con lo cual os moririais, hay que alimentar al agua del mismo modo que vosotros alimentais a vuestros hijos, y los alimentais con el cariño, porque sino los alimentaseis, ni dierais de comer, no tendrían ganas de jugar, sin ganas de jugar, no hay ganas de aprender, sin ganas de aprender, no creceriais, y si no crecieseis os moririais de tristeza

Aitor se quedó boquiabierto, con los ojos abiertos como platos de sopa fría, tardó lo suyo en reaccionar porque en su cabeza tenía sentido lo que acababa de oir y medio titubeando le dijo

- Pero tienes que tener frío!
- No

Aitor se dio mediavuelta comenzó a andar y rebuscó en sus cosas y encontró una pequeña mantita, estaba ya bastante gastadita y  sin pensarlo dos veces se la dió

- Toma! Te vendrá bien
- Muchisimas gracias, no olvidare el gesto que has tenido
- Solo te he dado una mantita, no es mucho, pero seguro que cuando dejes de moverte, algo de calor te dará.
-¿Qué no es mucho? Me has dado la única mantita que tienes, has tenido muchísima más caridad que otros muchos desalmados que han pasado por aquí y han intentado aprovecharse, no se me olvidará lo que has echo hoy por mí.

Sin decir ni una sola palabra más Aitor siguio su camino, terminó sus asuntos y con las mismas emprendió el camino de vuelta a casa, cuando llegó a casa, ya era de noche y abrazó a Hildrun, le volvió a poner de comer, y mientras colocaba las provisiones le contó a Hildrun todo lo que le había pasado en el día, pues no se atrevió a contarselo a nadie, preparó la cena y cuando se disponía a cenar, llamaron a su puerta, la sorpresa fué mayúscula ¿quién se aventuraria a subir a la ladera de la montaña a la hora de cenar? así que sin perder tiempo se apresuró a abrir su puerta

-¿Vosotros?
Por unos momentos Aitor se quedó sin saber que era lo que debía hacer, ya que los que habían llamado a su puerta eran el muchacho de la guitarra y la joven que bailaba, pero lo habían educado bien y los invito a pasar,
- Por favor no os quedeis en la puerta, pasar pasar, y acomodaros en la mesa
Acto seguido los dos jóvenes pasaron y se sentaron en su mesa
Aitor cerro la puerta y les preguntó
-¿En que puedo ayudaros?
Y el muchacho contestó
- Después de lo que has echo hoy por nosotros, aún así nos abres la puerta de tu casa nos sientas a tu mesa y nos ofreces ayuda, no te agobies más Aitor, ahora te ayudaremos nosotros,

- Hildrun ¿nos haces los honores?

Aitor no hacia más que mirar de un lado para otro, estaba alucinando, sin saber como ni porqué vio como Hildrún dejo de ser un gato y se convirtió en un ser de extremada belleza, que transmitia serenidad y muy amablemente le habló a Aitor

"Aitor, llevo contigo mucho tiempo, desde que perdiste a tu mujer, la tristeza te inunda, desde entonces estas atormentado y no encuentras sosiego por su pérdida, a pesar de que eres muy pobre, siempre has tratado de no desairar a nadie, Aitor a partir de ahora seras el equilibrio y acompañaras a la música que alimentaste con tu pan y a la belleza que arropaste con tu manta, juntos sereis la melodía que de sentido a la vida  ya que soy la paz que tanto anhelabas "

Desde aquel día la música, con su armonía da paz a nuestros pequeños corazones


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